Lo que realmente me aterra es vuestra felicidad.

solo me queda un demonio en un hombro,
porque se ha cortao las venas el angel que habia en el otro
Mañana al amanecer nos reiremos de ella.
Necesito huir de esta mierda.
Huir no solo es irse lejos, dónde no te encuentren. Huir significa mucho más.
Cuando huyes de algo, significa que ese algo te oprime, y bajo esa opresión no puedes hacerle frente, o no quieres.
Nos pasamos la vida huyendo.
Huyo del miedo. Huyo del tiempo. Huyo del trabajo. Huyo de mi necesidad de probar que soy querido. Huyo de comer carne. Huyo de tí. Huyo de mí mismo.
Se puede estar huyendo de una cosa toda la vida. Pero por el simple hecho de huir de algo, afirmas la existencia de ese algo. Si huyo del trabajo, es porque afirmo que existe ese trabajo. Si huyo de comer carne, es porque existe ese yo comedor de carne. Si huyo de la necesidad de probar que soy querido, es porque existe esa necesidad.
Hasta que no me pare, hasta que no deje de huir, hasta que no plante cara y le diga a lo que me persigue: no existes. Y con ello afirmar por última vez su existencia, como acto de despedida. No existes (“tu”: necesidad, sentimiento, objeto. Adios).
No huiré de comer carne porque no existirá eso de comer carne. No huiré del trabajo, porque no habrá tal trabajo. No huiré de tí, porque no hay un “tu” persiguiendome. No huiré del tiempo, porque seré presente, pasado y futuro.
Ahora solo a esperar a que mis pies me hagan caso y dejen de correr.
En una pared se distingue un fosilizado rostro gritando libertad. En el suelo brillan las uñas de quienes trataron de alcanzar la cima. Una mata de cabello ondea al viento en la alambrada. Arranca la excavadora.
Muy tarde para saber. Demasiado pronto para recordar. Es hora de escuchar.
Las paredes cuentan historias, las historias se escriben involuntariamente en cemento. Las capas de pintura no hacen sino darnos la oportunidad de raspar en ellas para destapar poco a poco los secretos no ocultos, sino tapados, no perdidos, sino escondidos.
Aquí y allá se leen, se ven, se escuchan quejidos suaves como maullidos lejanos de un gato solitario, se oye la pena, se lee la mirada perdida del invisible, se ve el grito desgarrador de quien quiere y no puede, sabiendo que quien puede no quiere.
Cuando cae un muro, caen sus sueños, y se olvidan. Pero no despierta, no. Si no que a nadie le interesa levantar tanta roca para encontrarlos. Si alguien quiere hacerse oir en el caos, grita. Así es aquí. Solo es necesaria la pala del silencio.

agitémonos

Venid al borde, dijo.
Dijeron: tenemos miedo.
Venid al borde, dijo.
Fueron.
Les empujó... y volaron.
que me da miedo hasta ponerme a reir,
no vaya a ser que luego acabe llorando.
ya no hay soles ni atardeceres, ni lunas llenas, ni firmamentos para poder
perderse. ni nubes, ni pájaros en lo alto que puedan distraerme.
no hay hormigas ni hormigueros, ni otros insectos para poder relacionarme.
no hay ratones ni agujeros esta vez. a cada paso solo un ladrillo más, en cada
intento una nueva derrota. en cada esquina una vomitona más de esperanzas
infinito es este invierno para quien est´aquí dentro. no sirve de
nada esforzarse, la fiebre me hierve el cerebro cada vez. los escalofríos me
llegan al alma y me retuercen.la locura reinvade latiendo en mi cerebro
y mi esqueleto empieza a correr. otra vez aquí asqueroso necio.
no es fácil salir, pero es la única manera de no estar dentro.

Mark no podía parar de reírse. La verdad es que John tenía un talento
increíble a la hora de contar chistes.
Casi le dio un ataque al no poder respirar. Pero es que lo que dijo era realmente gracioso.
Todos reían.
Todos, menos el niño que se moría de hambre dos calles más abajo.
Según los viejos sabios de la región colombiana del
Choco, Adán y Eva eran negros y negros eran sus hijos Caín y Abel. Cuando Caín
mato a su hermano de un garrotazo, tronaron las iras de Dios. Ante las furias
del señor, el asesino palideció de culpa y miedo, y tanto palideció que blanco
quedo hasta el fin de sus días. Los blancos somos, todos, hijos de Caín.
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Si Eva hubiera escrito el Génesis, ¿como sería la
primera noche de amor del genero humano?
-Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació
de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, ni ofreció manzanas a
nadie, y que Dios nunca le dijo que "parirás con dolor y tu marido te dominará".
Que todas esas son puras mentiras que Adán contó a la prensa.
Me seducen las mentes, me seduce la inteligencia,
me seduce una cara y un cuerpo cuando veo a una mente que los
mueve y que vale la pena conocer. Conocer, poseer, dominar, admirar.
La mente, yo hago el amor con las mentes,
¡hay que follarse a las mentes!
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Eso de extrañar, la nostalgia y todo es eso, es un
bálsamo. No se extraña un país. Se extraña el barrio en todo caso pero también
lo extrañas si te mudas a 10 cuadras.
El que se siente patriota, el que cree que pertenece a un país es un tarado
mental. La patria es un invento. ¿Qué tengo que ver yo con un tocumano o con un
salteño?. Son tan ajenos a mi como un catalán o un portugués. Estadísticas.
Números sin cara. Uno se siente parte de muy poca gente. Tu país son tus amigos
y eso sí se extraña.
¿Quién osaría retar al destino para siquiera rozar el ansiado terreno?
Ni escaleras ni mástiles, ni tanques ni ametralladoras, ni manifestaciones ni leyes, ni tenazas ni dientes. Tan solo la pequeña lombriz haciendo un hondo agujero en la tierra pudo averiguar que el muro era tan profundo o más hacia el subsuelo de lo que hacia arriba se vislumbraba...
Muchos eran quienes querían entrar, incluso aquellos que rozaban la perfección se contentaban con abrazarse a los frios muros de cemento pulido el cual de por sí ya presentaba una figura atrayente que permitía entrever la belleza de lo que debía encontrarse al otro lado.
No fue fácil para ellos palpar la gorda pared. Muchos quedaron por el camino , ya que el terreno duro y vacío hasta la meta era como un desierto con un final cercano pero a la vez difícil, posible y a la vez imposible.
Y allí se acercó aquel. No destacaba, nadie se fijó en él hasta que se aproximó al micrófono de frío gris metalizado.
-Soy yo-
Y entró.
-Pero Bernard, dices unas cosas horribles.
-¿Es que tú no deseas ser libre, Lenina?
-No sé que quieres decir. Yo soy libre. Libre de divertirme cuanto quiera. Hoy día todo el mundo es feliz.
Bernard se rió.
-Si, «hoy día todo el mundo es feliz». Eso es lo que les decimos a los niños de cinco años. Pero, ¿no te gustaría tener la libertad de ser feliz... de otra manera? A tu modo, por ejemplo; no a la manera de todos.
-No comprendo lo que quieres decir -repitió Lenina. Después, volviéndose hacia él, imploró-: ¡Oh!, volvamos ya, Bernard. No me gusta nada de todo esto.
(...)
-No comprendo nada -dijo Lenina con decisión, determinada a conservar intacta su incomprensión-. Nada -Y prosiguió en otro tono-: Y lo que menos comprendo es por qué no tomas soma cuando se te ocurren esta clase de ideas. Si lo tomaras olvidarías todo esto. Y en lugar de sentirte desdichado serías feliz. Muy feliz -repitió.
